Crear arquitectura en la ciudad simulada generaba dos problemas difíciles. El primero era entender cómo generar una arquitectura con entidad propia, en un tiempo en el que se está perdiendo el significado de las cosas como tales. Y el segundo, la firmitas o la creación de una arquitectura que perdure en un contexto que niega la idea de comunidad local, ahora simplemente virtualizada por las redes sociales, en un proceso constante de aparición y desaparición.
Una condición compleja, construir algo real, un espacio permanente, a pesar de que la arquitectura apenas tiene una realidad concreta, consecuencia de relaciones efímeras y en proceso constante de cambio. La vigencia del Fontán reside en su capacidad para insertar lo ficticio e impermanente, es decir, no hablo de crear una arquitectura efímera o provisional, que acentue más el proceso de consumo y huella ecológica, me refiero a la capacidad provocadora del espacio que solo una buena arquitectura posee, como es el caso del Fontán, alejándose de la concreción formal.
En esa idea planteada por Yi Fu Tuan, a la que tantas veces he recurrido, se podría considerar el Fontán como la fijación del lugar donde se producen, generan y provocan acciones concretas o caprichosas de la gente y entre la gente, que cambian con el tiempo, y que la memoria las convierte en un espacio determinado.
La arquitectura como resultado antropizado de lugares que crean un espacio suave, flexible y abierto al cambio rodeando a los individuos. La frescura y la diferencia del Fontán con su entorno es su capacidad para crear un espacio como metamorfosis suave, facilitando puntos de uso, diluyéndose en la luz que introduce para sí, con la generación de un collage abierto a la interacción con las personas que les permite crear su propio espacio uniendo sus acciones. Un resultado que se hace más explícito enfrentado a la creación de un monumento como esqueleto gigantesco.
Arquitectura en el paisaje
Estamos ante una arquitectura donde la naturaleza se transmuta en impacto, no por sus condiciones físicas, a las que necesaria y obviamente responde, sino por su capacidad para impactar en su interior. En la declaración del edificio Fontán como edificio del año comentaba como:
En este sentido el Fontán realiza un reconocimiento y admiración del paisaje gallego y de su clima.»
Frente a la arcaica concepción de la arquitectura solo como destino, uniformizada y fosilizada de los edificios públicos, la arquitectura del Fontán se presenta como una arquitectura que transparenta y relativiza funciones como hibridación entre espacios.
La arquitectura del Fontán también se muestra como una transformación de los agentes externos, en los que uno de sus protagonistas, el viento, consigue corporeidad y al lanzarse sobre la arquitectura genera una película fina que es utilizada como cubierta, convirtiéndose en la ligera piel externa que elimina la pesadez formal que oprime los cuerpos y el espacio. Una arquitectura que se acopla al cuerpo humano, ligera y refrescante, una arquitectura que propone la apertura y cambio frente a la rigidez funcional y la pesadez de la cubierta de sus vecinos.
Manifiesto de técnica
El Fontán como «modelo a resaltar por su actitud», por su capacidad de replantear a través de la técnica la relación entre las personas y el trabajo, la economía o el medioambiente. El Fontán como el necesario retorno a un pensamiento utópico, frente a tanta distopía saturante. La recuperación de los valores colectivos frente al provecho personal, o la utilidad social frente a las soluciones individuales, hablar de intersección y apertura, de transversalidad y cooperación.
«Construcción, pura construcción; es la ruta perfecta para otra belleza.»
Andrés Perea, Elena Suárez y Rafael Torrelo.
En el Fontán se experimenta e innova para que otros se beneficien de sus aportaciones, incorporándolas al proyecto de manera que se conviertan en respuestas colectivas a problemas compartidos (véanse temas apasionantes como la ausencia de juntas, los esbeltos pilares macizos, la relación con la estructura existente, la cubierta, la fragmentación de sus piezas,..). Un proceso cuya lectura no está exenta de una visión pedagógica y ensayística de muchas de sus extraordinarias aportaciones.
La capacidad para revolver e investigar la encontré, en parte de sus autores, hace treinta y un años y desde entonces he visto a generaciones quedar atrapados por el ideal al que se aspira y su labor de investigación para ayudar con sus resultados al resto de la sociedad, para compartir y transmitir una arquitectura social y técnica.
Texto por José Juan Barba
