"se construyó en la Universidad Politécnica de Madrid una bóveda de tamaño mediano"
La propuesta es crear una red de hangares para drones que distribuyan suministros médicos y otras necesidades en zonas de África de difícil acceso debido a la falta de carreteras u otras infraestructuras, y el propósito es que todas las aldeas del continente y otras economías emergentes cuenten con un hangar para drones propio en 2030.
El proyecto piloto –que será lanzado este año– tiene su base en Ruanda, un país cuya geografía física y social plantea múltiples desafíos. El plan inicial de tres edificios, que deberían estar finalizados en 2020, permitirá a la red enviar suministros a un 44% del territorio. Fases posteriores del proyecto podrían suponer más de 40 hangares para drones en toda Ruanda, cuya ubicación en el centro del continente permitiría una expansión más sencilla a otros países vecinos como Congo, lo cual salvaría miles de vidas. Jonathan Ledgard, fundador de la Pioneering Redline Cargo Drone Network, un concepto que desarrolló en el Instituto Federal de Tecnología de Lausana (EPFL), en Suiza, planteó a Norman Foster el concepto por su experiencia en el diseño de aeropuertos y sus conocimientos como piloto de planeadores, helicópteros y aviones. Más tarde, Foster presentó el desafío a sus compañeros Narinder Sagoo y Roger Ridsdill Smith, de Foster + Partners. Trabajando con sus equipos, desarrollaron la base de un sistema de bóveda modular. La Fundación Norman Foster se ha encargado de llevarla más allá de la primera fase de viabilidad, lo cual ha permitido al equipo actual diseñar y poner en marcha el proyecto hasta hacerlo realidad.
Drones de transporte
Las rutas de drones de transporte resultan útiles allá donde hay escasez de carreteras. Al igual que los teléfonos móviles desbancaron a las líneas fijas, los drones de transporte pueden trascender barreras geográficas como montañas, lagos y ríos innavegables sin necesidad de una infraestructura física a gran escala. Solo un tercio de los africanos viven a menos de dos kilómetros de distancia de una carretera que pueda transitarse todo el año, y no hay autopistas continentales, prácticamente no existen túneles y no hay suficientes puentes que lleguen hasta la gente que habita zonas remotas del continente. Sería necesaria una inversión sin precedentes en carreteras y vías ferroviarias para equipararlas al crecimiento exponencial de la población de África, que está previsto que se duplique hasta alcanzar los 2.200 millones de habitantes en 2050. Es esencial un “salto de infraestructura” utilizando la tecnología drone y sistemas de energía limpia para superar los desafíos del futuro.
Las rutas de drones de transporte resultan útiles allá donde hay escasez de carreteras. Al igual que los teléfonos móviles desbancaron a las líneas fijas, los drones de transporte pueden trascender barreras geográficas como montañas, lagos y ríos innavegables sin necesidad de una infraestructura física a gran escala. Solo un tercio de los africanos viven a menos de dos kilómetros de distancia de una carretera que pueda transitarse todo el año, y no hay autopistas continentales, prácticamente no existen túneles y no hay suficientes puentes que lleguen hasta la gente que habita zonas remotas del continente. Sería necesaria una inversión sin precedentes en carreteras y vías ferroviarias para equipararlas al crecimiento exponencial de la población de África, que está previsto que se duplique hasta alcanzar los 2.200 millones de habitantes en 2050. Es esencial un “salto de infraestructura” utilizando la tecnología drone y sistemas de energía limpia para superar los desafíos del futuro.
El hangar para drones
El hangar para drones constituye una nueva tipología de edificio que se espera que acabe siendo omnipresente, igual que las gasolineras se han convertido en infraestructuras dispersas para el tráfico rodado. La propuesta tendrá una fuerte presencia ciudadana, basada en compartir y en usos múltiples. Posibilita que los silenciosos drones aterricen sin percances en zonas muy pobladas, e incluye una clínica, un taller de fabricación digital, una sala de correo y otra de comercio electrónico, lo cual le permitirá pasar a formar parte de la vida de la comunidad local.
El proyecto es una evolución de la experiencia de Norman Foster en la construcción de aeropuertos, así como de estudios anteriores sobre edificios lunares llevados a cabo en asociación con la Agencia Espacial Europea. Igual que las estructuras desarrolladas para la Luna utilizan un armazón inflable mínimo y terreno lunar impreso en 3-D, el hangar para drones está concebido como un “kit de diversos componentes” en el que solo se llevan al lugar deseado el encofrado básico y la maquinaria para fabricar ladrillos, y las materias primas, como la arcilla para los ladrillos y la roca para los cimientos, se obtienen localmente, lo cual reduce el coste del transporte de materiales y lo hace más sostenible. La idea fundamental es “hacer más con menos”, y la estructura abovedada de ladrillo, cuyo impacto medioambiental es mínimo, puede ser montada fácilmente por las comunidades locales. Asimismo, pueden unirse diversas bóvedas para crear espacios flexibles en función de la demanda y las necesidades del lugar y la evolución de la tecnología drone. Los hangares también serán centros de fabricación de drones, lo cual generará oportunidades laborales para la población de la zona. Al ofrecer a los lugareños los conocimientos de construcción necesarios, el proyecto pretende dejar un legado que fomente un cambio mayor que el propio edificio.
Pabellón de la Fundación Norman Foster
La creación de un pabellón para la Bienal fue posible gracias a la Fundación Norman Foster, que ha reunido a profesores y alumnos de cinco universidades de toda Europa, Reino Unido y EE. UU, además de a una fundación para el sector de la construcción y a su correspondiente laboratorio de investigación.
Su tema encaja a la perfección con el lema de Alejandro Aravena: “Reportando desde el frente”. Su construcción en Venecia ha sido filmada para que sirviera de modelo para comunidades locales de economías emergentes como África, Sudamérica y algunas regiones de Asia. Aunque en un principio era una respuesta al hangar para drones, el sistema de construcción es aplicable a una amplia gama de necesidades, por ejemplo mercados, escuelas e instalaciones médicas.
Su ubicación al final del Arsenale simboliza la entrada a un parque público recientemente inaugurado. Se está barajando la posibilidad de que se convierta en un legado permanente. La coloración de los productos creados con tierra, ideados especialmente para el proyecto, combina respetuosamente con los edificios históricos que lo rodean. Sería una adición intemporal a las instalaciones de la Bienal y prácticamente no requeriría mantenimiento.
El proyecto es obra de la Fundación Norman Foster, siguiendo un calendario muy ajustado –6 meses en total y 4 semanas en su ubicación definitiva–, y lo han posibilitado los estrechos lazos existentes entre los socios ingenieros de ODB y sus universidades. John Ochsendorf imparte clases en el MIT, Matthew de Jong en Cambridge, y Phillipe Block, con su grupo de investigadores, en la ETH de Zúrich. El creador del concepto del hangar para drones, Johnathan Ledgard, trabaja en la EPFL de Lausana.
En un estudio provisional de viabilidad liderado por el profesor Santiago Huerta se construyó en la Universidad Politécnica de Madrid una bóveda de tamaño mediano. Dicho estudio fue llevado a cabo por Carlos Martín Jiménez, un maestro mampostero, que participó en el proyecto junto con dos estudiantes del MIT, Sixto Cordero y Luisel Zaya. El mismo equipo, que contó con la participación de Víctor Segundo, Simba Lasluisa y Luis Tituana, se trasladó a Venecia para crear el pabellón actual.
El prototipo de la bóveda comprende dos capas externas de este producto especial y otra interna con baldosas tradicionales de Valencia. El producto especial está hecho de tierra estabilizada, un material de construcción fiable, económico y respetuoso con el medio ambiente. En comparación con los ladrillos tradicionales de arcilla cocida, no requiere un uso intensivo de combustible para ofrecer rendimiento. LafargeHolcim desarrolló un ladrillo cocido de forma natural, fabricado con tierra compactada y cemento y denominado “Durabric”. El diseño mixto del hangar para drones fue optimizado con el Block Research Group de la ETH, en Zúrich, y MecoConcept, Tolosa.
La Fundación Norman Foster ha colaborado con el Studio Olafur Elliason y Little Sun para evaluar el potencial de un nuevo componente de construcción denominado ‘SolarBrick’, que podría incorporarse a la estructura de los hangares para drones. En la superficie exterior, el ‘SolarBrick’ contará con celdas fotovoltaicas que se cargan con una batería de larga duración y alimentarán una lámpara LED en la superficie interior. Las unidades, que podrían imprimirse en 3D dentro de los propios hangares, podrían convertirse en un elemento habitual de los edificios locales y proporcionar luz allá donde escasee la electricidad.
Fundación Norman Foster.
La Fundación Norman Foster tiene su sede en Madrid y sus objetivos son los siguientes:
Fomentar la importancia de la arquitectura, las infraestructuras y el urbanismo para el servicio a la sociedad
-A través de exposiciones temporales de proyectos seleccionados en la Fundación u otros lugares.
-A través del archivo de la Fundación y el acceso a la obra de Norman Foster y los despachos de
arquitectos de los que ha sido fundador o cofundador.
Fomentar el pensamiento interdisciplinar para ayudar a las nuevas generaciones de arquitectos, diseñadores y artistas a prever el futuro
-A través de redes constituidas por universidades e instituciones de investigación.
-A través de exposiciones que fomenten esos vínculos en diferentes museos.