El capítulo Muerte en La Mecanización Toma el Mando (1941-1948) del historiador Sigfried Giedion (1888-1968) es el primer relato arquitectónico sobre la implicación tecno-social del desarrollo industrial en torno a la muerte. Giedion reconoce el rol que las tecnologías de la muerte desarrolladas en el matadero han desempeñado en la construcción de la ciudad moderna europea y el paisaje norteamericano del siglo XIX. De manera más importante, el análisis del historiador suizo sitúa las infraestructuras de la muerte y sus sub-productos en el ámbito de lo cotidiano a partir del análisis de las invenciones tecnológicas como la cadena de montaje, la cinta transportadora, el control climático de los espacios, la carne enlatada o el horno.
A partir de mediados de los años sesenta, con el renacido interés por el historicismo, proliferaron los cementerios y mausoleos como los únicos espacios arquitectónicos para la muerte. Arquitectos como Aldo Rossi, John Hejduk o Enric Miralles, por mencionar sólo algunos, exploraron la muerte desde la perspectiva poética y metafórica (en análogo al cadaver del Movimiento Moderno), obviando su presencia en lo ordinario, su realidad tecnológica y su efecto en la transformación material de infraestructuras y cuerpos humanos.
Hoy en día, la complejidad del ecosistema urbano ha expandido la presencia de los lugares y objetos de la muerte a la vez que se han convertido en menos visibles o evidentes. Esta atomización de la muerte presenta oportunidades para el diseño de su reintegración consciente en el día a día.
Consideremos la muerte como un punto de inflexión: La muerte es el inicio de una eternidad virtual y material, con capacidad política, transformadora y productiva. "La muerte cotidiana: Arquitectura" extiende los periodos y multiplica las condiciones para la ceremonia, capitalizando las infraestructuras de la muerte existentes para un urbanismo transhumano, construido en torno a la muerte con la misma intensidad con la que la ciudad contemporánea refleja los espacios para los vivos.
La muerte cotidiana: Arquitectura.
La Base Militar Aérea de Dover, en el estado de Delaware, es el único puerto mortuorio del ejército estadounidense. Se trata de un aparato tecnológico que, con una mínima intervención, puede extender sus capacidades a una población civil. La serie de dibujos que acompaña este texto refleja, en un mismo plano espacial, la red transurbana de tecnologías, sociedades e infraestructuras para el procesamiento de cuerpos que opera tanto en Dover como fuera de sus fronteras. Dover es la maquinaria arquitectónica que surte de tecnología y cuerpos al resto de la red, y el instrumento que inyecta a este sistema global autoridad ceremonial.
Este proyecto sostiene que existe una canalización de valor a través de toda modificación corpórea. La transformación de cuerpos de fallecidos de esta red infraestructural está gobernada por la misma ética que empuja a la iniciación al culturismo y la definición del físico personal. Los reclutados para Dover, por lo tanto, pueden estar tanto vivos como muertos. Los cuerpos viajan a Dover de maneras diversas: cuerpos virtuales tienen encuentros con los entrenadores de "Beach Body" de la Base Aérea en YouTube; reclutas de "Beach Body" y civiles de luto se alistan para su entrenamiento en Dover; marines fallecidos en el campo de batalla vuelven para su "transferencia digna"; familiares de los fallecidos viajan para visitar a sus seres queridos o para re-visitar los sitios commemorativos de la base como el Eliseo Digital, o para transformar el cuerpo del muerto en material exportable de valor económico.
La pieza conocida como "Power Bar" capitaliza las infraestructuras existentes para construir el principal lugar de procesamiento de cuerpos de la base militar. Se trata de una concentración lineal de programas que incluye vivienda, naves industriales para el procesamiento, infraestructuras aeroportuarias, equipamientos para el entrenamiento, y centros de redes sociales para veteranos. La "Power Bar" negocia logísticamente entre la super-infraestructura del aeropuerto militar y el tejido de suburbio residencial situado en el lado opuesto de la autopista. Cuerpos, pertenencias de los militares fallecidos y "peceras" que encapsulan la escena de la muerte son clasificados y puestos en escena en la pista del aeropuerto. Las grúas portuarias, a modo de gigantescos arreglos florales, saludan a los muertos que ingresan en la unidad refrigerada previo a su procesamiento. Una vez descongelados, las diferentes secciones de la "Power Bar" servirán para la identificación dental, embalsamamiento, autopsia, maquillaje y vestido de los cuerpos previo a la ceremonia familiar.
En la "Necro-Prairie", los amigos y familiares de los fallecidos tienen la opción de recordar y procesar a su ser querido en un espacio doméstico. A la manera de la ciudad lineal de Ivan Leonidov, las viviendas se concentran en una espina central en simbiosis con los equipamientos en las bandas laterales para la recreación, el culturismo o la práctica de la política. La energía, el calor y los fluidos producidos en las viviendas de esta pradera suburbana abastecen al resto del urbanismo. Las viviendas acomodan infraestructuras para el procesamiento de cadáveres por medio de cremación, hidrólisis alcalina (o cremación liquida) y extracción mineral.
Dover viaja también, en sentido figurado, a través del catalogo de viviendas de la "Necro-Prairie" y exporta fuera de sus fronteras un urbanismo de domesticidades productivas. Las tecnologías de Dover se despliegan en los escenarios de guerra norteamericanos para la construcción de nuevas "Power Bar", representadas en los despliegues militares para Donetsk en Ucrania y Al Taquaddum II en Iraq.
* "The Architecture of Everyday Death" es el proyecto de tesis de Igor Bragado y Miles Gertler en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Princeton que se inició con el trabajo "The Transurban State of Death" para la clase de proyectos de Andrés Jaque.