
Raúl Sánchez Architects crea para la Casa Magarola un acceso desde la terraza sobre la que desembocan las escaleras, que actúan como puerta desde el exterior y como ventana desde el interior, favoreciendo el diálogo entre la vivienda y su ubicación.
La planta inferior de la vivienda alberga las estancias de día, distribuidas de forma que el movimiento fluye sin interrupciones, mientras que la planta superior acoge los dormitorios y los baños, espacios que cuentan con puertas correderas que permiten al usuario jugar con los niveles de privacidad y comunicación.
En cuanto a los materiales seleccionados, son sencillos y de proximidad, lo que, junto con el uso de un sistema de aerotermia, la climatización mediante suelo radiante alimentado por placas fotovoltaicas, la ventilación cruzada presente en todas las estancias y un cuidado control de la orientación y posición de los huecos, da lugar a un ejemplo de vivienda comprometida con el medio ambiente y con la sensibilidad de su entorno y de sus habitantes.

Casa Magarola por Raúl Sánchez Architects. Fotografía por José Hevia.
Descripción del proyecto por Raúl Sánchez Architects
Situada en una pendiente extrema del 100%, la casa se alza respetando el terreno y conservando el perfil natural, evitando grandes excavaciones en la roca de pizarra. Diseñada para adaptarse al paisaje, apenas toca el suelo mediante unas pocas pantallas de hormigón que sirven de apoyo, dejando el terreno prácticamente intacto. Se añade así una capa construida que se integra al entorno sin renunciar a su identidad.
El acceso se realiza por la cota superior, desde donde la vivienda se presenta como un cuerpo regular y hermético, y a medida que el terreno desciende, se revela cómo el volumen de la casa apenas se asienta en la roca en su parte posterior y despliega las patas (pantallas de hormigón) para buscar apoyos (en los muros de fachada y en el núcleo central) en la pendiente. Una escalera volada, que comunica acceso peatonal y aparcamiento, desciende y desembarca hasta la planta principal, a una gran terraza que da la bienvenida, y que es la continuación al exterior de una generosa cocina-comedor, que se abre a este gran balcón volado mediante cuatro grandes ventanas correderas. Una vez en el interior, esta conexión dentro-fuera, con el entorno más cercano repleto de árboles con ramas que acarician las fachadas, y con las vistas lejanas al valle y a las montañas, es fluida y constante: en cada rincón, en cada esquina, se va revelando el paisaje creando un diálogo continuo entre la casa y su entorno.

En la planta inferior, un bloque central aloja escalera, baño y despensa, liberando todo el perímetro de la casa en un continuum de cocina, salón y espacio-mirador, este último dirigido al valle, habilitado por un banco que recorre toda la longitud de la fachada acristalada. Son estancias concatenadas, donde cada rincón está pensado para habitar y contemplar el paisaje: es por esto que no hay una entrada propiamente dicha, sino que el recibimiento es con la gran losa volada-continuación de la gran cocina con una gran isla-mesa de comedor, de hormigón insitu y piedra ceppo de gre, para dar la bienvenida a través de la comida y la bebida. La escalera interior crea un vacío a doble altura destacando la conexión visual y funcional entre plantas dentro de estos espacios continuos, para después colarse por un hueco circular para por último salir a la cubierta a través de un torreón cuadrado girado 45° que permite que el espacio fluya sin interrupciones, manteniendo abiertas las vistas panorámicas de la cubierta.
En la planta superior, un espacio central conecta dos pequeños balcones que enmarcan el paisaje, mientras distribuye el acceso a tres dormitorios y un baño. El dormitorio principal incluye vestidor y baño ensuite, con puertas correderas que permiten configurar el espacio según las necesidades. Incluso la ducha del baño ensuite se sitúa de manera que pueda disfrutar de una nueva ventana, combinando vistas y privacidad.

El diseño de la casa sigue la proporción áurea en planta y alzado, logrando un equilibrio visual entre sencillez y sofisticación, y es un volumen aparentemente sencillo con tres de sus caras, las que miran al acceso y a los vecinos, donde las ventanas se recortan en las fachadas, e incluso algunas se cubren con celosías (situadas en los huecos que reciben más asoleo): son ventanas contenidas, precisas y calculadas; incluso los balcones de la planta primera se abren hacia adentro, son más íntimos, mientras que la cara orientada al valle se abre completamente, permitiendo vistas ininterrumpidas. También por eso cambia su color, un tono amarillento muy ligero frente al color terroso del resto de la casa, que juega con el color de la tierra del lugar, conservando su propia identidad mediante una extraña, distante familiaridad.
La casa se sujeta mediante unas pantallas de hormigón situadas en las fachadas y en el bloque central, unidas mediante losas de hormigón armado muy finas, de 20 centímetros. No hay rastros de la estructura en el interior, concebido como un espacio diáfano sin servitudes. Por fuera tampoco hay rastro de la estructura, sólo patas.

La casa dispone de un sistema de suelo radiante en todas las estancias, y un eficiente sistema de aerotermia genera el frío y el calor necesarios, alimentado mediante placas fotovoltaicas en la cubierta. Sumado a un sistema de aislamiento térmico por el exterior sin puentes térmicos (incluso la cara inferior de la losa de planta baja está aislada), a la ventilación cruzada natural en todas las estancias, a un cuidado control de la orientación y posición de los huecos (la fachada abierta al valle, la más vidriada, apenas recibe sol directo), a un depósito pluvial que almacena y reutiliza el agua de lluvia, y a una selección de materiales sencillos y de proximidad, consiguen una casa medioambientalmente comprometida y de unas elevadas prestaciones energéticas, lo cual se suma a que el terreno apenas se ha modificado, y sólo hubo que cortar dos árboles de los más de 40 existentes.
El primer peldaño, un enorme pedazo de roca del lugar, es un tributo a cómo Carlo Scarpa empezaba las escaleras, siempre una invitación a subir. Este elemento refleja la filosofía del proyecto, que combina sensibilidad hacia el entorno, invención formal y espacial, integración paisajística y sostenibilidad, logrando una vivienda que respeta y realza la belleza natural del entorno.