CrystalZoo con esta nueva actuación en La Nucía, continúa estableciendo estrategias de captación y mejora de servicios asistenciales y sociales en esta localidad. El proyecto opta, en su condición arquitectónica, por la rememoración de lo urbano, con la intención de hacer un lugar, con una identidad clara y reconocible para la tribu “neorural”. Una vez en el interior del edificio, gracias a las perforaciones presentes en los muros de hormigón, invitan a redescubrir la realidad y reconocer un nuevo entorno humano de relación.
Descripción del proyecto
El Centro Social Mirador El Tossal, está situado en el barrio del mismo nombre, El Tossal, situado también en una de esas zonas de nuevas urbanizaciones del municipio de La Nucía que demandan los equipamientos de servicios sociales necesarios para sus nuevos habitantes.
El proyecto se proyecto teniendo en consideración dos objetivos principales: conectar a los vecinos, para generar comunidad y crear un espacio para el uso de dicha comunidad. Un espacio compartido en un territorio rural que ya ha perdido su carácter agrario y que sin embargo pretende potenciarlo integrándose en su forma física y sirviendo de escenario de enmarque que resalta los atractivos del lugar.
El equipamiento se plantea como un lugar de encuentro y de conexión vecinal tanto a nivel programático como formal, ya que el edificio se levanta sobre una ladera de 7 metros de desnivel enlazando la calle superior con la nueva plaza que se genera en la cota más baja.
Su arquitectura se diseña como una gran viga que utiliza el terreno como apoyo estructural, generando con su forma tres escenarios de encuentro: un espacio en la cubierta, un espacio abierto bajo el edificio a modo de plaza y el espacio interior del edificio en el que se sitúa un reducido programa con salón de actos, dos despachos y aseos.
La cubierta además de funcionar como un mirador público que se asoma lateralmente a la ladera, es un espacio público de recepción, que recoge al visitante en el nivel superior y lo acompaña hacia el interior de las instalaciones.
El espacio que se genera bajo el volumen, se convierte en una prolongación del espacio público, colindante, en esta prolongación de la plaza se sitúa una pequeña grada, con la intención de permitir que los vecinos tengan un espacio cubierto de reunión.
El tercer escenario, el interior, está definido por un programa sencillo: un pequeño auditorio, dos despachos, unos aseos y el espacio de ascensor. Dadas sus reducidas dimensiones la escalera se convierte en un lugar de encuentro social y de relación.
Para conseguir estos espacios, estructuralmente, el edificio es una gran viga de hormigón anclada al terreno mediante un almacén que contrarresta el vuelo de la pieza. En su extremo contrario un ascensor actúa como apoyo estabilizando todo el conjunto.
La fachada se realiza en hormigón visto y se texturiza mediante tableros de contrachapado fenólico, sin apenas usar desencofrante para conservar la huella de la viruta.
"Un aspecto interesante fue el trabajar la pieza como un OBJETO, evitando que las juntas que denotan su proceso constructivo, fuesen apreciadas, a esto nos ayudo el trabajar el despiece del panelado de OSB junto con las piezas rehundidas de fenólico que continuábamos por la plaza."
Con la intención no solo compositiva sino de generar diferentes visuales enmarcadas, se realizan una serie de perforaciones circulares en la fachada, que incitan a asomarse a ese nuevo espacio entre lo urbano y lo rural. Acompañando estas ventanas circulares se diseñan unas estrías verticales que con distintas profundidades, generan un paño de luces y sombras de diferentes profundidades.
En el interior, los materiales utilizados en el proyecto intentan buscar continuidad visual y espacial dentro del mismo mediante un revestimiento de resina epoxi amarilla en suelos y paredes, que recibe al visitante en planta baja y lo acompaña hasta el auditorio.
La continuidad también se traslada a la madera del suelo que continúa en las puertas correderas inclinadas que dan acceso al interior del centro y en el mobiliario del mirador, un banco corrido longitudinal junto al que se ubica vegetación para separarlo del borde.
En el exterior se realiza un acondicionamiento urbano que propone una nueva geografía, generando colinas en la pendiente y realizando una plantación de olivos centenarios que, junto con el pinar existente acentúan y enmarcan las vistas hacia el núcleo rural.
Sus autores, nos muestran el edificio percibido como un gusano que, con dinamismo sale de la tierra y se apoya en ella mutando a lo largo del día, cambiando sus texturas hasta que al llegar la noche es el amarillo interior el que resalta, brotando hacia fuera a través de sus múltiples ojos circulares.
Texto.- José Juan Barba